Autocrítica Machista
En las últimas semanas han sacado la voz los movimientos feministas a lo largo y ancho de nuestro país. Son miles las mujeres que han marchado en las calles para promover una educación no sexista y otras han decidido tomarse sus casas de estudios denunciando prácticas de abusos vividas en varias instituciones y que no tolerarán nunca más.
Por otro lado, y como suele ocurrir en instancias históricas, también aparecen aquellos que les gusta utilizar estos momentos de cambio social para comenzar a difundir campañas de terror en todos los lugares donde pueden. Esos mismos probablemente, si hubiesen nacido en épocas anteriores, habrían escrito negándose a igualar derechos raciales entre negros y blancos, o habrían argumentado con fuerza el porque las mujeres no debían votar o asistir a la universidad. Son estos mismos, en su gran mayoría hombres, a los que también he escuchado ridículamente decir que el feminismo hará que los hombres terminemos orinando sentados si permitimos que el poder feminista siga creciendo.
Claro está que nuestra sociedad sigue siendo machista en muchas de sus dimensiones. Basta con hacer el sencillo ejercicio de asociar la desigualdad entre hombres y mujeres en el escenario local y comenzaremos a observar como el machismo ha sido algo natural. Por ejemplo, en Los Lagos por décadas hemos conocido sólo designaciones de puros Intendentes y nunca hemos sido liderados por ni una sola Intendenta. Cambiando el ejemplo y trasladándonos a un espacio aún más cotidiano podríamos constatar como incluso el uso de espacios públicos como escaleras, borde costero o algunas calles de Puerto Montt son más seguras para hombres que para las mujeres. En términos generales ni hablemos de las diferencias en planes de salud, diferencias de salarios ante mismas responsabilidades que los hombres o la discriminación de ser seleccionada o no en un trabajo por el sólo hecho de estar en edad fértil o tener hijos “que criar”.
Lo claro es que en buena hora el feminismo se ha tomado la agenda pública y debemos comenzar a trabajar en igualar los derechos entre mujeres y hombres. Pero para todo lo anterior es una necesidad imperativa la autocrítica entendiendo que los cambios culturales deben comenzar por nosotros mismos.