Santiago, No Siente Todo Chile

Santiago busca posicionar su marca de destino turístico, para ello se convocó a un concurso de diseño para encontrar el logotipo que represente la identidad de la capital de nuestro país. Esta iniciativa fue promovida por los municipios de Santiago, Providencia, Lo Barnechea, Isla de Maipo, Recoleta y la Florida junto a Sernatur y agrupaciones turísticas santiaguinas. Durante esta semana y luego que un comité de expertos evaluara las 49 propuestas recepcionadas se presentó a la ciudadanía capitalina las dos propuestas finalistas por las cuales podrán votar para llegar al logotipo ganador. Este nuevo emblema será desde ese momento en adelante la cara gráfica de Santiago.

Pero más allá de hablar sobre la calidad estética de cada propuesta - que ya ha sido bastante cuestionada en las redes sociales - quisiera referirme en estas líneas a la grave falta conceptual que tendrá esta pieza gráfica. En ambos logos que se presentan se puede leer bajo ellos la frase “Santiago, Siente todo Chile” como un slogan para difundir a Santiago como destino turístico. Si, así tal cual, dicho de otra forma en la marca se señala con palabras más adornadas que “Santiago es Chile”. Concepto que para las autoridades de cada una de las instituciones que participan de este concurso representa la identidad de la capital. Una mala frase que refuerza el agobiante centralismo del que los millones de chilenos que residimos en regiones nos toca vivir, una cachetada para los que hacemos Chile desde regiones.

Decir, “Santiago, Siente todo Chile” es también dejar en evidencia la arrogancia e ignorancia con se piensa al Chile de todos desde seis comunas. Pensar que en Santiago está contenido todo Chile sólo es reflejo de falta de identidad del espacio que se pretende potenciar. Difundir entre los turistas un territorio que siente ser todo Chile es engañoso. Es que en Santiago no se encuentran las Iglesias Patrimonio de la Humanidad de Chiloé. Tampoco se celebran las fiestas religiosas del Cristo Nazareno de Caguach, de la Candelaria o la Fiesta de las Luminarias de Calbuco. En Santiago no viven cultores como los Arrieros Cordilleranos de Paso El León,  la Cofradía de Fiscales de las Iglesias o los Maestros de Rivera de Mañihueico. Mucho menos se puede encontrar barrios construidos con palafitos, comer un curanto al hoyo como corresponde o degustar de la magia de un buen asado al palo. En la capital no se hacen mingas y menos se va a la marisca. Desde este punto de vista la región de Los Lagos no se siente desde Santiago.

Muy por el contrario de lo que se piensa en Santiago, “Chile se ha construido desde las culturas regionales”, como lo dice el historiador chilote Renato Cárdenas. Desde esa mirada entenderíamos que Santiago es la puerta de entrada a Chile. A ese Chile que el mundo desea recorrer, el de las Torres del Paine, el de Rapa Nui, el del mundo Mapuche, Aymara o Kawésqar. El del desierto, de las islas, los lagos y los volcanes. El mismo en que el parralino Pablo Neruda y la vicuñense Gabriela Mistral nos pusieran en el mapa del mundo.  Son muchos los argumentos para decir que “Santiago, Siente todo Chile” debe ser repensadapor sus creadores. Debido a que la frase no cumple con lo prometido como también debe ser un gesto de respeto hacía las regiones, porque “Santiago no es Chile”.

Alejandro Bernales